Hay artistas que hacen discos. Cerati, en cambio, parecía hacer habitaciones para que uno pudiera esconderse dentro de ellas.
Cuando escucho Bocanada, imagino a un hombre frente a una máquina, rodeado de cables, humo y canciones todavía sin nombre. Afuera estaba el mundo que había conocido durante quince años: Soda Stereo, los estadios, los gritos, la certeza de ser parte de algo enorme, pero aquello había terminado.
En 1997, Soda Stereo se separó y Cerati tuvo que enfrentarse a una pregunta mucho más incómoda que cualquier despedida, ¿quién soy cuando ya no soy parte de esto?
Se refugió en Casa Submarina, su estudio en Vicente López, allí comenzó a experimentar con samplers, sintetizadores, loops y grabaciones que parecían venir de algún lugar entre el sueño y la vigilia. Su matrimonio con Cecilia Amenábar atravesaba dificultades y su vida estaba cambiando. Ahí nace Bocanada, que no suena como un disco que empieza, suena como uno que despierta después de haber estado muerto.

En ese aislamiento encontró algo parecido a la libertad, dejar de responder a las expectativas de quienes ya sabían cómo debía sonar Gustavo Cerati.
“Puente” me parece la forma más hermosa de regresar. “Gracias por venir”: cuatro palabras que pueden ser una bienvenida, una despedida o ambas cosas.
En “Raíz” hay algo que busca permanecer enterrado; en “Verbo Carne”, el cuerpo parece convertirse en una religión; y “Bocanada” respira deseo, humo y esa nostalgia extraña de lo que todavía no sabemos si perdimos.
Cerati no estaba intentando repetir a Soda Stereo. Estaba haciendo algo más peligroso, estaba aceptando que ya no podía ser el mismo.
Y ahí está la verdadera belleza del disco.
Porque Bocanada no habla únicamente de cambiar, habla de esa pequeña muerte que ocurre cuando una versión de nosotros deja de servirnos. De tener que abandonar una piel conocida aunque todavía nos quede bien, de mirar hacia atrás y descubrir que aquello que alguna vez fue nuestra identidad ahora solamente es un fantasma con buenos recuerdos.
Por eso, cuando escucho este disco, no pienso en un Cerati que comenzó su carrera solista.
Pienso en un hombre que sobrevivió a una versión de sí mismo.
Regresó para demostrarnos que seguía siendo el mismo, regresó para demostrarnos que incluso después de perderlo todo lo que creíamos ser, todavía podemos inventarnos otra forma de existir.
Y entonces soy una con el título, una bocanada es apenas aire. Pero a veces basta una sola para volver a vivir.

