No se mata la verdad matando periodistas, Rubén Espinosa

Rubén era fotoperiodista. Trabajó para Proceso, Cuartoscuro y AVC Noticias, por años documentó protestas y movimientos sociales en Veracruz, especialmente durante el gobierno de Javier Duarte.

Su cámara acompañaba a movimientos que cuestionaban la violencia, la corrupción y la falta de respuestas de las autoridades. Esa cercanía con las protestas y con los sectores inconformes también muestra por qué el fotoperiodismo puede resultar incómodo para quienes desean controlar la imagen pública de un gobierno o de una institución.

IMAGEN: Cosecha Roja.

En junio de 2015 abandonó Xalapa después de sufrir agresiones, amenazas y hostigamiento. Había personas que lo seguían y vigilaban. Se fue a la Ciudad de México buscando algo que debería ser básico para cualquier periodista: seguridad.

Pero el 31 de julio de ese mismo año, Rubén fue asesinado en un departamento de la colonia Narvarte junto con Nadia Vera, Mile Virginia Martín, Yesenia Quiroz y Alejandra Negrete. Había escapado de un lugar donde sentía que su vida estaba en peligro y, aun así, el peligro lo alcanzó.

Lo que más me inquieta de su historia no es solamente su muerte, es todo lo que ocurrió antes; las amenazas, el miedo. La decisión de abandonar su casa, esa sensación de que hacer tu trabajo puede convertirte en un blanco.

El fotoperiodismo cumple una función especialmente importante en un país donde muchas víctimas sienten que las autoridades no las escuchan. Una fotografía puede acompañar una denuncia, registrar una desaparición, mostrar las condiciones de una comunidad o revelar la dimensión de una protesta.

IMAGEN: El País.

Diez años después, el caso de Rubén sigue cargando preguntas sobre las amenazas que recibió y sobre si su trabajo periodístico fue investigado de manera adecuada como posible línea relacionada con el crimen. También permanece como un ejemplo de las fallas que existen para proteger a quienes informan.

Por eso la libertad de prensa no debería entenderse solamente como el derecho de los medios a publicar, sino como la posibilidad real de que periodistas, fotógrafos y comunicadores trabajen sin miedo.

También es responsabilidad de las autoridades garantizar investigaciones independientes, proteger a quienes están en riesgo y combatir la impunidad. Sin esas condiciones, la libertad de expresión queda reducida a una promesa

Porque cuando consiguen que una cámara tenga miedo de disparar, no solamente silencian al fotógrafo. También intentan decidir qué podremos ver, qué historias serán recordadas y qué injusticias podrán permanecer ocultas.