Etiqueta: PLACERES Y REALIDADES

  • Abrazar la nostalgia

    Abrazar la nostalgia

    ​El peso de los recuerdos

    ​Hay días en los que un aroma, una foto, un lugar o una canción vieja nos detiene por completo. De repente, nos encontramos caminando por pasillos que ya no existen o recordando conversaciones lejanas. La nostalgia no nos pide permiso para entrar, no avisa, no habla. Simplemente llega, se sienta a nuestro lado y nos acompaña durante un lapso.​

    ¿Alguna vez te has sentido así? ¿Has sentido que tu mente se queda atrapada en un momento del pasado mientras el mundo sigue avanzando sin ti?​Durante mucho tiempo, yo viví de esa manera. La nostalgia me perseguía a todas partes. Mi mente pasaba tanto tiempo recordando lo que ya fue que me resultaba casi imposible habitar el presente. Me pesaba el ayer y me asustaba la idea de que los mejores días ya hubieran quedado atrás, que no podría pasar lo mismo, sentir lo que me hacía vivir.​

    Con el paso del tiempo y la acumulación de nuevas vivencias, entendí. La nostalgia no aparece para lastimarnos ni para encarcelarnos en el ayer. Su verdadera intención es recordarnos lo que hemos sido capaces de sentir y de valorar.​ Poco a poco, empecé a abrazar ese sentimiento. Comprendí que mirar atrás nos ayuda a darle su verdadero valor a cada persona, a cada instante y a cada aprendizaje. Incluso aquellas experiencias amargas, las que no salieron como esperábamos, dejan una huella valiosa en nuestra historia personal. Aprendemos a vivir y no solo sobrevivir con las tormentas que existen.

    ​Ver el presente

    Cuando la nostalgia llega escucho lo que tiene que decirme y aprovecho su visita para apreciar mejor el presente; ver qué tengo, con quiénes estoy, qué hago, qué siento.​​ Al final, recordar con cariño no significa quedarse estancado. Significa reconectarnos con lo vivido para caminar con mayor gratitud y claridad hacia el futuro. Ocupar la nostalgia como una herramienta no como una prisión nos cambia la perspectiva de la vida.

  • Por qué invertir en tesoros de tianguis y coleccionables puede ser más rentable que el oro

    Por qué invertir en tesoros de tianguis y coleccionables puede ser más rentable que el oro

    ​El arte de coleccionar

    ​Muchas personas consideran que acumular objetos viejos es solo un pasatiempo nostálgico. La compraventa de artículos coleccionables se ha transformado en una alternativa de inversión sumamente rentable.​

    En los tianguis y mercados, las personas suelen descartar objetos de gran valor. Lo que alguien percibe como basura guardada puede representar una oportunidad financiera real para un comprador atento.

    La búsqueda de tesoros en el tianguis 

    ​Recorrer los puestos de antigüedades exige paciencia y conocimiento. Los coleccionistas dedicados examinan detenidamente cada pieza en busca de detalles únicos. Un juguete descatalogado o un reloj antiguo pueden multiplicar su precio original en poco tiempo. A veces viene en forma de una figura de acción desgastada, un reloj antiguo olvidado o un juguete retro que alguien decidió rematar.

    ​El valor emocional y la rentabilidad económica

    El valor no lo determina el peso ni el material, sino la nostalgia, la rareza y el deseo de un coleccionista dispuesto a pagar lo que sea por completar su colección.

    La verdadera inversión está en el conocimiento: saber qué buscar, reconocer las marcas, entender las tendencias del mercado y aprender a negociar. Cosas que en su momento nos parecieron insignificantes o que juramos que jamás volveríamos a ocupar, hoy son piezas de deseo internacional.

  • Sin señal. La desconexión que elegimos 

    Sin señal. La desconexión que elegimos 

    Un mundo que exige estar siempre disponible 

    Existe una distancia entre la persona que deseamos ser y la que logramos sostener en días difíciles. Siempre queremos proyectar una presencia constante y atenta con las personas que nos rodean. Con los proyectos de la vida, nuestros deberes, nos imaginamos como figuras abiertas, afectivas y dispuestas a escuchar en todo momento. 

    La acumulación de exigencias y el exceso de estímulos generan un ruido molesto dentro de la cabeza. Ineractuar con el entorno se convierte en una actividad agotadora. El agotamiento no siempre avisa antes de aparecer, inicia y exige incluso por donde no imaginemos.

    La necesidad de desconectar

    Hay un punto en el que el cuerpo no aguanta más y simplemente se apaga por dentro. La mente se llena de tanto ruido que el aire empieza a faltar y la cabeza se siente pesada.

    Aunque queramos seguir estando para los demás, por dentro nos quedamos sin energía para procesar lo que pasa a nuestro alrededor. ​En esos momentos, seguimos caminando, saludando y sonriendo por pura costumbre, pero en realidad no estamos ahí. No es porque los demás no nos importen o queramos alejarnos, es solo que nuestro propio cuerpo necesita encerrarse un momento en silencio para poder volver a respirar.

    La dificultad de habitar el presente

    En medio de este escenario, la idea de “habitar el aquí y el ahora” se siente lejana. Nos repiten constantemente que debemos conectar con el presente para hallar paz. Sin embargo, cuando el presente incluye sobrecarga y angustia, el instante actual no ofrece refugio. La ansiedad nos arrastra a proyectar escenarios futuros o a revivir tensiones pasadas.

    Apagar las señales externas nos permite recuperar el aire antes de regresar al mundo. Solo al cuidar nuestro espacio interior podemos ofrecer una presencia real y honesta a los demás.

    Hay un punto en el que el cuerpo no entiende de proporciones ni de escalas. Por dentro, la mente se satura de tal forma que el aire falta, la cabeza pesa y la energía simplemente se acaba, el cuerpo no sabe si la causa es pequeña o enorme, solo reacciona al agotamiento que siente en el presente.

    Queremos sentir, queremos estar presentes y conectar con la vida, pero necesitamos hacerlo sin que eso implique desgastarnos hasta colapsar. No es desinterés por el mundo ni ganas de rendirnos, es  el cuerpo exigiendo una pausa para no apagarse por completo.

  • El celibato en el BUDISMO: La renuncia que libera

    El celibato en el BUDISMO: La renuncia que libera

    El origen de la renuncia sexual en los textos sagrados

    En el “Vinaya Pitaka”, el libro antiguo que contiene la regla de conducta monástica, se establece que la abstención sexual es la primera de las cuatro faltas graves que expulsan a un monje de la comunidad. El propio Buda explica el porqué de esta regla en el “Dhammapada”, uno de los textos más famosos del budismo. En esta obra, el deseo de posesión se compara con una enredadera, si no la podas, termina ahogándose todo.

    El celibato en el budismo se forma como una forma de cortar esa enredadera desde la raíz. No se juzga la sexualidad como algo “malo” en un sentido religioso, sino simplemente como una energía que distrae a la mente cuando se busca la paz total.

    Por qué el compromiso de celibato libera la mente

    El propósito central de la vida monástica es alcanzar el despertar y liberarse del sufrimiento. En un texto bellísimo llamado el Sutta del Cuerno de Rinoceronte (Khaggavisana Sutta), el Buda aconseja caminar en solitario para evitar las ataduras emocionales que producen ansiedad, pone en comparación vínculos afectivos con familia, en pareja y la socialización. Cuando una persona elige la disciplina de la abstención, lo hace para simplificar su vida.

    Tener una pareja y una familia requiere tiempo, atención y energía, cosas que mantienen el margen para la vida, pero que dificultan la dedicación total a la meditación. Al no tener la necesidad de buscar complacer a un compañero o proteger un hogar, el monje o la monja ganan un espacio interior de libertad.

    Al principio podría no sentirse paz, por la constante necesidad de estimulación emocional, distraída por el deseo y lo pasajero, descubriendo el vacío inmenso que había evitado sentir como la soledad, insuficiencia o sentirse desconectados de sí mismos, pero al mismo tiempo la mente empieza a funcionar sin depender tanto de estímulos externos para sentirse viva. 

    La vida de contención no es para todos

    Esta renuncia no es obligatoria para todas las personas que siguen las enseñanzas del Buda. Se divide a los seguidores en dos grupos: los monjes y los practicantes laicos.El Buda no exige a las familias que dejen su vida íntima, sino únicamente que sean respetuosas y fieles. Esto demuestra que contener los deseos es una opción personal para quien decide tomar el camino del celibato a tiempo completo, no una carga para la gente.La renuncia voluntaria a los placeres cotidianos no es una prisión interior, sino una puerta de entrada a la tranquilidad, la mente empieza a recuperar energía que antes tenía que perseguir.

    El celibato en el budismo permite observar los sucesos con claridad y mantener profundo control en los impulsos. 

  • El Travestismo entre el tacón y el macho

    El Travestismo entre el tacón y el macho

    La sensualidad en la seda heterosexual

    Hay un erotismo magnético en el Travestismo. Me encanta ver a un hombre romper las reglas. Disfruto verlos vestirse con falda, maquillaje o tacones por puro gusto, creatividad y ganas de transformarse. Lo fascinante es cuando lo hacen sin dejar de ser heterosexuales ni perder su esencia.

    El hombre que desliza la seda sobre su piel y que dibuja sus labios. Aún así busca con deseo la mirada de una mujer. Es sensualidad pura, una rebelión donde el deseo y la libertad se fusionan en el tacto y en la vista.

    Seducción y libertad sin etiquetas

    Transformarse es una forma de seducción que desafía lo convencional. La belleza no tiene género cuando el juego es amar, sentir la tela y entregarse al placer de estar vivo. Quien habita su cuerpo con esa libertad, jamás debería ser juzgado, solo deseado.

    ​Existe un encanto en la contradicción, en esa frontera donde la idea tradicional del masculino se disuelve al contacto con la delicadeza del encaje y lo colorido. Cuando un hombre heterosexual explora su armario sin las cadenas del prejuicio, no se está alejando de su hombría, al contrario, la está elevando a una dimensión artística, consciente y seductora. La verdadera seguridad no necesita esconderse tras la imagen de un traje oscuro o una armadura impuesta, sino del color y la textura que abraza las líneas del cuerpo masculino. 

    El arte de la estética masculina

    El maquillaje, lejos de ser una máscara para ocultarse, se transforma en un lienzo que acentúa las facciones. Hay algo en presenciar cómo esa estética, históricamente reservada para lo femenino, es apropiada por la masculinidad para galantear, seducir y manifestar una expresión de la forma humana.

    Esta manifestación no pretende hablar sobre la orientación sexual, ni definir a nadie bajo una norma, demuestra que la vestimenta y la estética van mucho más allá de a quién decides amar. Es, sobre todas las cosas, una forma de vivir y que está por encima de cualquier esquema social.

    Experimentar la tela, el color y la transformación es simplemente una manera más de sentir, de estar presente y de celebrar la existencia. Se con absoluta libertad y plenitud. Cuando la estética, la moda, la postura dejan de ser una norma y se convierten en un instrumento de placer propio y compartido.