Atlas, equipo que más de medio siglo fue una gran tristeza para los aficionados. Mientras otros clubes median su grandeza con títulos que iban acomulando, el aficionado rojinegro construía su orgullo de una forma muy diferente, los fracasos del club, el romanticismo de la academia y la lealtad incondicional de “La fiel”. Sin embargo el fútbol da sorpresas y giros muy inesperados, guardaba una de las transformaciones más soñadas del fútbol mexicano.
Hay que entender el fenómeno de este club. El 22 de abril de 1951 el costarricense Edwin Cubero frente al acérrimo rival, las Chivas de Guadalajara, Atlas bordo la primera estrella en su escudo. Aquel equipo dirigido por Eduardo Valdatti hizo de los rojinegros un equipo vistoso, de toque fino y formación pulcra que le valió el apodo eterno de “La academia”.

Lo que nadie imagino en 1951 fue que ese silbatazo final inauguraría una sequía de 70 años y 233 días. En ese gran periodo, Altlas conoció la amargura del descenso en tres ocasiones (1954, 1971 y 1978) y estuvo a punto de alcanzar la gloria en la generación de Ricardo la Volpe, cuyo juego espectacular no basto para evitar ser derrotados ante Toluca. El mito se alimentaba, Atlas jugaba como nunca, pero perdía como siempre.
El verdadero cambio del club llegó cuando la directiva decidió sustituir la nostalgia con la efectividad.La llegada de Diego Cocca al equipo instauró una identidad incansable, cimentada en el liderazgo bajo los tres postes del arquero Camilo Vargas y la solidez defensiva de todos los jugadores.

El 12 de diciembre de 2021, el estadio Jalisco fue testigo del fin de una sequía. Tras un juego lleno de nervios en los 120 minutos y una tanda de penales ante León, el disparo de Julio Furch desató las emociones que toda la afición rojinegra se habían guardado por tres generaciones. Personas se abrazaban con sus abuelos que habían visto el último campeonato del equipo, otras personas festejaban con fotos de familiares o amigos que no tuvieron la oportunidad de ver campeón al equipo de sus amores otra vez o por primera vez. La maldición de los zorros se había ido.
Si el apertura 2021 estuvo lleno de nerviosismos, el clausura 2022 representó la confirmación de una nueva era. Cinco meses después, Atlas supero a Pachuca en el estadio Hidalgo con un global de 3-2 celebrando el bicampeonato, el club no solo ganó el trofeo de Campeón de Campeones, sino que entró a un club exclusivo, el de los únicos tres en ganar un bicampeonato junto a pumas y león. La mística del club no ha desaparecido, pero se ha transformado en orgullo de victoria.




























