¿Existe “el amor de tu vida” o es pura idealización?

En la antigua Grecia Platón creía que los seres humanos eran seres perfectos y esféricos que eran divididos por los dioses gracias a su codicia, condenados a buscar su otra mitad con el deseo de completarse. China y Japón creían que los dioses ataban un hilo rojo en el meñique de los recién nacidos para conectarlos con las personas que están destinados a cruzar caminos.

Y leyendas como estas hay muchas, ¿será algo realmente cierto?. En lo personal me gusta comprar esta situación con los helados, ¿cómo sabes que ese sabor de helado es tu favorito si no has probado todos los sabores que existen?. Esta comparación es muy superficial, pero creo que va al mismo punto. Desde los 7 años mi helado favorito es el de algodón de azúcar, pero en mi viaje a Argentina probe el helado de mascarpone con frambuesa y sin duda alguna me enamoré.

¿Lo mismo nos pasará con las relaciones amorosas? Cuando estamos con alguien creemos que es lo mejor que nos ha pasado en la vida cuando ni siquiera en toda nuestra vida alcanzaremos a conocer a la mitad de las personas que habitan el mundo.

Cada relación nos nutre de una manera diferente, me gusta pensar que todas las personas que llegan a nuestra vida dejan un pedacito de ellos en nosotros, por más mínima que sea esta acción.

A lo mejor y mientras estoy redactando esta columna, el amor de mi vida esta pescando en Groelandia o saliendo de una fábrica en China, quien sabe y tal vez nunca lo sabre.

Lo importante es vivir cada relación al máximo, ya que cada relación es inconmensurable y nosotros no somos los mismos de hace un año o incluso la semana pasada.

Mi consejo es: Vívelo hasta donde choque el tren, los momentos ni las personas se repiten.