Pensé que habría otra vez

Hay cosas que, si supiéramos que estamos haciendo por última vez, probablemente haríamos diferente, nos quedaríamos un rato más, daríamos un abrazo más largo, escucharíamos con más atención esas historias que ya habíamos escuchado muchas veces, tal vez no tendríamos tanta prisa por irnos y guardaríamos un poquito mejor cada detalle.

Pero casi nunca sabemos cuándo es la última vez y creo que eso es lo que más pesa después, porque hay personas que forman tanto parte de nuestra vida que nunca imaginamos un día en el que ya no estén de la misma manera, nos acostumbramos a su voz, a encontrarlas en ciertos lugares, a sus preguntas de siempre y a esas pequeñas costumbres que parecen insignificantes hasta que empiezan a hacer falta.

Entonces comienzan a importar cosas que antes parecían demasiado pequeñas, una silla, una comida, una canción, una frase que alguien decía siempre o incluso un lugar que sigue exactamente donde estaba, pero que ya no se siente igual porque falta algo que antes lo hacía sentirse completo.

Y es raro porque después uno intenta recordar la última vez, la última conversación, el último abrazo, la última vez que escuchaste su voz o que estuviste sentado a su lado sin pensar que había algo especial en ese momento, y empiezas a preguntarte qué habrías hecho diferente si hubieras sabido que no habría otra oportunidad.

Quizá habría dicho más, habría preguntado cosas que nunca pregunté o simplemente me habría quedado otro rato, pero también pienso que ahí está lo bonito y lo doloroso de las últimas veces, no sabemos que lo son porque mientras suceden todavía tenemos la seguridad de que habrá otra.

Un “nos vemos después” puede quedarse sin ese después, una salida cualquiera puede convertirse en un recuerdo y una tarde que parecía completamente normal puede terminar siendo una de esas a las que regresaríamos sin pensarlo, porque muchas veces no sabemos que estamos viviendo algo especial hasta que ya solo podemos .

No podemos vivir sabiendo cuándo será la última vez de algo, pero sí podemos dejar de dar por hecho que siempre habrá otra, quedarnos un poquito más, escuchar aunque ya conozcamos la historia, dar el abrazo, decir lo que sentimos y disfrutar también esos momentos que parecen demasiado cotidianos como para algún día extrañarlos.

Porque a veces uno no quisiera regresar para cambiar nada, solo para saber que era la última y vivirla un poquito más despacio.