Cuando estar es suficiente

Estamos en un lugar bonito, llega la comida y antes de probarla decimos; “espérate, deja tomo foto”, acomodamos las cosas para que se vean mejor, tomamos varias hasta que alguna nos gusta y después seguimos con lo que estábamos haciendo.

Parece algo insignificante porque ya estamos tan acostumbrados que ni siquiera lo pensamos, y que sea algo malo querer guardar un recuerdo o compartir algo que nos hizo felices, creo que todos lo hacemos, simplemente a veces siento que se nos está olvidando la diferencia entre guardar un momento y vivirlo.

Una salida, un viaje, un regalo, un concierto, una comida o simplemente estar con nuestros amigos, todavía  no termina de pasar y ya estamos pensando qué foto subir, qué canción poner o cuál historia se ve mejor.

Y es raro, porque parece que ya no basta con que algo nos pase, también necesitamos que alguien más sepa que pasó, como si una experiencia tuviera un poco más de valor cuando alguien la ve o reacciona ella, como si necesitáramos pequeñas confirmaciones de que nuestra vida también está siendo interesante y que siempre tenemos algo que contar.

Nos preocupamos por conseguir la foto perfecta de un lugar que apenas observamos, repetimos un video porque no salió como queríamos, acomodamos las cosas para que se vean bonitas o dejamos de disfrutar unos minutos por estar pendientes del teléfono, queremos conservar tantos recuerdos que, sin darnos cuenta, a veces terminamos estando ausentes justo en el momento que queremos recordar.

Y quizá lo más complicado no es publicar nuestra vida, sino empezar a compararla con la vida que los demás decidieron publicar, vemos viajes, fiestas, regalos, logros y personas aparentemente felices, pero pocas veces vemos lo que ocurrió antes o después de esa fotografía y terminamos comparando nuestros días completos con unos cuantos segundos cuidadosamente elegidos de la vida de alguien más.

También creo que detrás de todo eso existe una necesidad de demostrar que estamos bien, que salimos, que tenemos amigos, que viajamos, que nos divertimos, que nuestra vida es interesante, y veces podemos estar viviendo un momento completamente normal, pero sentir que debería verse extraordinario para presumirlo a los demás.

Tal vez por eso hay algo especial en las cosas que nadie ve.

Esas pláticas con personas especiales que se alargaron mucho más de lo esperado, reírte por una tontería hasta que te duele el estómago, cantar, caminar sin rumbo con alguien o simplemente estar en algún lugar y olvidarte por completo de revisar el teléfono, eso momentos que probablemente no tienen la mejor foto, porque mientras estaban pasando eran tan especiales que ni siquiera pensamos en detenerlos para intentar guardarlos.

No creo que tengamos que dejar de tomar fotos ni desaparecer de redes sociales, nadie quiere eso, solamente deberíamos aprender que no todo lo bonito necesita convertirse en algo público y que guardar algo únicamente en nuestra memoria también tiene valor.

Porque hay cosas que no necesitan estar en una historia para convertirse en algo especial.

Yo creo que la vida no se trata de tener algo que mostrar después, sino de tener algo que, cuando lo recordemos, nos haga sentir que valió la pena haber estado ahí.