Porque a los 20 también podemos dudar de una decisión que supuestamente define nuestro futuro
Elegir una carrera parece una decisión que tenemos que tomar como si ya supiéramos exactamente qué queremos hacer con nuestra vida, terminamos la prepa, buscamos opciones, escuchamos consejos de nuestros papás, amigos y profesores, y finalmente elegimos, todos esperan que estemos seguros de nuestra decisión, pero ¿qué pasa cuando llegamos a los 20 y empezamos a preguntarnos si realmente elegimos bien?
A veces no es que la carrera no nos guste, solo que empezamos a conocer otras cosas, a descubrir nuevos intereses y también a conocernos mejor, lo que queríamos a los 17 o 18 años puede no ser exactamente lo mismo que queremos ahora, y eso puede hacernos pensar que nos equivocamos.
Creo que una de las cosas más complicadas de los 20 es aceptar que todavía no tenemos todas las respuestas, nos han hecho pensar que elegir una carrera es elegir nuestro futuro completo, cuando en realidad seguimos descubriendo quiénes somos y qué queremos para nuestra vida.
Pero también existe un miedo del que casi no hablamos: el miedo a decepcionar a la gente que queremos, porque muchas veces ellos hacen muchos esfuerzos para que pudiéramos estudiar, nos apoyaron para entrar a una universidad y se emocionaron cuando les dijimos qué queríamos estudiar, entonces, cuando empezamos a dudar, parece que no solo estamos dudando de nuestra carrera, sino también de todo lo que ellos hicieron por nosotros.
Y ahí aparecen pensamientos como: “¿qué van a pensar de mí?”, “¿y si creen que desperdicié mi tiempo?” o “¿cómo les voy a decir que ya no estoy seguro?”, incluso podemos llegar a quedarnos en un lugar que ya no queremos solo para no sentir que estamos fallándoles.
Pero cambiar de opinión no significa que no valoremos su esfuerzo y tampoco significa que hayamos perdido el tiempo, porque hay decisiones que tomamos con la información y la edad que teníamos en ese momento, y crecer también significa darnos permiso de cambiar de opinión.
Quizá elegir una carrera no debería significar decidir quién seremos para siempre, tal vez los 20 también están para equivocarnos, cambiar de opinión, probar cosas nuevas y descubrir que el camino que elegimos primero no necesariamente tiene que ser el definitivo.
Al final, creo que no pasa nada si todavía estamos preguntándonos si elegimos bien, a lo mejor esa pregunta también forma parte de crecer.
Porque, entre nosotros, no siempre tenemos que cumplir las expectativas que otros imaginaron para nosotros, a veces también crecer significa tener el valor de decir “esto ya no es lo que quiero” y comenzar a buscar lo que sí, y aunque al principio dé miedo decepcionar a alguien, también sería triste pasar años intentando cumplir el sueño de alguien más y olvidarnos de construir el nuestro.

