La violencia que sufrimos no es la que destruye, si no la indiferencia de quienes miran hacia otro lado

ESTAMOS MUERTOS

El K-drama del que vengo a hablarles hoy se llama Estamos muertos (All of Us Are Dead), una serie surcoreana de 12 capítulos emitida en Netflix que se convirtió en un fenómeno global; la historia se desarrolla en la escuela secundaria Hyosan, donde un grupo de estudiantes queda atrapado en medio de un repentino y violento brote de los zombis, teniendo que luchar con lo que tienen a la mano para sobrevivir mientras esperan un rescate que parece que nunca llegará.

Pero más allá de la adrenalina y la supervivencia, lo verdaderamente impactante de esta historia son las problemáticas sociales que van saliendo a la luz conforme avanzan los episodios.

Para empezar, el virus ni siquiera nace por un experimento de laboratorio común, sino por la desesperación de un profesor de ciencia cuyo hijo sufría un acoso escolar devastador, mostrando cómo la negligencia de las autoridades escolares que prefirieron guardar silencio para no manchar la reputación de la institución terminó desatando la tragedia a causa de los zombis

A esta falta de protección se le suma el clasismo que se respira dentro de las aulas, donde resulta frustrante ver cómo ciertos personajes tienen tan arraigados los prejuicios sociales que, incluso en una situación extrema de vida o muerte, siguen discriminando y humillando a sus compañeros por su nivel socioeconómico. 

Cuando los verdaderos monstruos están al frente de la sociedad

Pero lo que termina de indignar por completo es el papel de los adultos en el poder, ya que conforme la epidemia se sale de control, los políticos y la policía priorizan su imagen pública y sus estrategias por encima de mandar ayuda, obligando a los alumnos a entender de la peor manera que están completamente solos y que para el sistema sus vidas resultan prescindibles. 

Al final, este K-drama engancha justo por eso, porque utiliza una premisa de ciencia ficción para confrontarnos con una verdad incómoda, recordándonos que aunque los zombis no existan en la vida real, la discriminación, la negligencia y el abandono hacia la juventud son monstruos verdaderos con los que convivimos todos los días.

Tal vez sea momento de dejar de ver estas historias como simple entretenimiento lejano y empezar a prestar atención a las señales a nuestro alrededor.

Porque la verdadera lección de este K-drama es que no necesitamos una plaga para destruir el futuro de los jóvenes; basta con seguir mirando hacia otro lado.