No necesitamos 40 pasos de skincare

Recientemente me han aparecido tantos vídeos de rutinas de skincare, que a mí punto de vista tienen demasiados pasos innecesarios.

La mayoría de estos son algo extremos, desde mascarillas comunes hasta cintas para corregir la mandibula.

Siento que últimamente el skincare pasó de ser el cuidado personal básico a convertirse en una carrera para coleccionar los productos más caros que supuestamente necesitamos.

Cada semana aparece un nuevo sérum, crema, mascarilla o limpiador que promete transformar nuestra piel casi mágicamente.

Los influencers nos venden una solución para un problema o inseguridad que a veces no veíamos antes.

Siempre son productos caros, coreanos o en ocasiones mascarillas caseras de dudosa seguridad.

Y aunque, cuidar nuestra piel no tiene nada de malo, cada vez más parece que nunca es suficiente.

Presión social

En redes sociales, las rutinas de skincare pueden verse perfectas, organizadas y hasta relajantes, pero también crean expectativas difíciles de mantener.

Vemos personas con repisas llenas de productos y pensamos que nosotros también necesitamos tenerlos para cuidar correctamente nuestra piel.

Además, muchas recomendaciones vienen acompañadas de frases como “esto cambió mi piel”, haciendo que comprar parezca casi obligatorio.

Creo que una parte importante del problema está en que constantemente nos enseñan cómo debería verse nuestra piel.

Piel lisa, sin poros, sin manchas, sin granitos y con un brillo que parece imposible conseguir naturalmente.

Terminamos comparándonos con imágenes editadas, filtros, iluminación profesional y estándares de belleza que cambian constantemente.

No aceptar nuestro color

También me preocupa que dentro del skincare siga apareciendo contenido que relaciona tener una piel más clara con ser más bonita.

Los productos aclarantes pueden presentarse como una forma de “mejorar” nuestra apariencia, cuando muchas veces refuerzan prejuicios sobre los tonos de piel.

Me parece especialmente problemático porque convierte algo natural, como nuestro tono de piel, en algo que aparentemente debemos corregir.

Es absurda la cantidad de personas y productos que buscan cambiar el tono de piel. Nos venden la imagen eurocentrista como estándar y símbolo de belleza.

Ya no solamente compramos productos para cuidar la piel, sino para acercarnos a un estándar que alguien más decidió que era atractivo.

Porque obviamente, mientras más inseguridad sentimos, más fácil resulta convencernos de que necesitamos comprar algo para cambiarla.

Creo que el blanqueamiento desmuestra que el sobreconsumismo también se aprovecha de inseguridades relacionadas con la apariencia e identidad.

¿Autocuidado o sobreconsumismo?

Al final, creo que el problema no es el skincare, sino convertir el autocuidado en una obligación de consumir constantemente.

No necesitamos diez productos para demostrar que nos cuidamos, ni una piel perfecta para sentirnos bien con nosotros mismos.

El skincare no es magia por más milagroso que nos lo vendan.