Etiqueta: ENTRE NOSOTROS

  • ¿Por qué nos cuesta ahorrar tanto?

    ¿Por qué nos cuesta ahorrar tanto?

    Entre querer disfrutar el presente y pensar en el futuro

    A nuestros 20 empezamos a pensar en ahorrar, inversiones, renta, gastos y en nuestro futuro, de repente le dinero deja de ser solamente lo que tenemos para gastar en nosotros y empieza a sentirse como una preocupación.

    Sabemos que debemos empezar a ahorrar, y es que lo tenemos muy claro, incluso podemos fijar metas para ahorrar, pero el problema llega cuando recibimos un poquito de dinero y aparecen mil cosas: una salida con las amigas, ropa que no necesitamos, pero queremos, un par de tenis para la colección, un antojito o ese pequeño gasto hormiga, y así, poco a poco, llega el momento de hacer cuentas y nos preguntamos ¿En qué me gaste mi dinero?

    Quizá ahorrar a los 20 es un poquito complicado porque estamos en una etapa donde queremos experimentar, conocer, no quedarnos con las ganas de hacer algo o simplemente tener dinero ahorrado por si necesitamos algo, el problema es que muchas veces queremos todo al mismo tiempo.

    Y probablemente esa sea una de las primeras lecciones de crecer, entender que dinero también implica ordenar nuestras prioridades.

    Y es que no se trata de dejar de salir o de convertirnos en unos expertos en finanzas, se trata de aprender que guardar un poco hoy, puede significar que podemos tener más libertad mañana.

    A nuestros 20, todavía estamos aprendiendo cuánto cuesta vivir, cuánto queremos gastar y sobre todo, que cosas realmente las necesitamos, tal vez se nos complique encontrar un equilibrio entre ahorrar y disfrutar, pero podemos empezar por algo simple, dejar de pensar que ahorrar es dejar de vivir.

    Porque, entre nosotros, queremos tener dinero para nuestro futuro, pero también queremos darnos nuestros gustitos.

  • En nuestros 20 seguimos llevando cosas de nuestra infancia

    En nuestros 20 seguimos llevando cosas de nuestra infancia

    Lo que aprendimos a amar, sin saber por qué

    A esta edad se supone que estamos descubriendo quiénes somos, elegimos lo que queremos toda la vida, hacemos nuevos amigos, tomamos decisiones que en su momento nuestros papás tomaron y empezamos a imaginas cómo queremos que sea nuestra vida.

    Y aunque estemos creciendo, seguimos llevando muchas cosas de nuestra infancia, y en mi caso es el fútbol.

    Desde muy pequeña acompañaba a mi papá a sus partidos, en ese momento no entendía mucho lo que significaba estar ahí, simplemente era parte de nuestra rutina de cada domingo.

    Con el paso de los años comprendí que esos momentos hicieron que el fútbol se convirtiera en algo mucho más que un deporte, no solo aprendí a disfrutar un partido, sino que poco a poco, lo relacione con mi familia, mi infancia y con momentos que hoy recuerdo con mucha nostalgia

    Y quizá eso es lo curioso de llegar a los 20, empiezas a mirar hacia atrás de una forma diferente, lo que antes parecía una rutina, ahora se convierte en un recuerdo.

    Una cancha, un número, una camiseta o incluso la emoción de esperar un partido pueden transportarte a una etapa en la que no tenías que preocuparte tanto por el futuro.

    Hoy sigo amando el fútbol, pero ahora lo vivo de diferente manera, ya no soy la niña que solo acompañaba a su familia a los partidos, ahora entiendo el por qué me emociona, por que me gusta tanto ver partidos y por que me hacen sentir parte de algo.

    Crecer no significa que debemos dejar atrás nuestra infancia, a veces significa descubrir cuánto de ella forma parte de nosotros, a los 20 podemos estar preocupados por la uni, el dinero, el trabajo o por no saber exactamente qué queremos hacer con nuestra vida, pero también seguimos siendo esa versión pequeña de nosotros que se emocionaba con cosas sencillas.

    Y tal vez eso esta bien.

    Por que entre tantas cosas que cambian cuando crecemos, hay algunas que vale la pena conservar.

  • No todo lo que empieza bien, terminan bien

    No todo lo que empieza bien, terminan bien

    Hay amistades que empiezan bien, pero que con el tiempo pueden cambiar hasta convertirse en una despedida silenciosa

    Creo que una de las cosas más extrañas de crecer, es descubrir que algunas personas que imaginaste pasar con ellas el resto de tu vida simplemente dejan de estar, y no hablo de una pareja.

    No siempre existe esa pelea, o un momento en donde digas “aquí termino nuestra amistad”, a veces solo bastan actitudes, cambios o empiezan a pasar cosas pequeñas, ya no hablan todos los días, planes donde ya no te incluye, nuevas amistades, y poco a poco te das cuenta de que ya no eres la primera persona a la que le cuentan algo.

    Y es que al inicio no le tomas importancia, piensas que es normal, que él o ella puede tener más amistades, que tiene más responsabilidades y más cosas que hacer, quieres entenderlo por qué no quieres ser esa persona que reclama atención a su mejor amistad.

    Pero hay un punto donde dejas de sentir que simplemente están ocupados y comienzas a sentirte ignorada.

    Cambia la forma en la que se tratan, una conversación que antes era muy natural comienza a sentirse forzada, ya no sabes qué contar por que sientes que no estás al tanto de su vida, incluso puedes empezar a preguntarte si fuiste tú quien hizo algo mal para que las cosas cambiaran.

    Y quizá esa es una de las partes más difíciles, cuando una amistad de años termina, buscamos culpables, pensamos que debimos hacer más, estar más presentes, escribir primero o intentar arreglar algo que ni siquiera sabemos cuándo se rompió.

    Pero no todas las amistades terminan por que alguien hizo algo malo, a veces y solo a veces simplemente crecemos y nos toca tomar caminos diferentes.

    Y es que a nuestros 20s estamos conociendo una versión nueva de nosotros, cambiamos de etapas, entramos a la uni, conseguimos trabajo, conocemos personas nuevas, empezamos a construir una vida diferente a la que imaginábamos y aunque algunas amistades si logran comprender esos cambios, otras no.

    Aceptar eso duele mucho y más cuando recuerdas lo cercanas que fueron, por que el terminar con una amistad no significa que se borre todo lo que vivieron juntas, esas fotos, esas pijamadas, esas salidas, los secretos, las risas y es que todo en su momento fue real, solo que ahora ya solo es un recuerdo.

    Tal vez crecer consiste en entender que no todas las personas que queremos están destinadas a quedarse, algunas solo llegan para acompañarnos un ratito, enseñarnos algo, cuidarnos, apoyarnos y cuando cumplen su propósito en nuestra vida, toman un camino diferente.

    Pero eso no significa que la amistad haya sido falsa, solo significa que terminó.

    Porque, entre nosotros, hay amistades que no terminan con una despedida, solo un día miras hacía atrás y te das cuenta que ya no eres la persona que esa amiga llama primero, y aunque duela, tenemos que aprender a dejar ir el lugar que alguna vez fue tuyo

  • ¿Qué estamos haciendo con nuestra vida?

    ¿Qué estamos haciendo con nuestra vida?

    Hay una edad en la que todos parecen tener un plan, menos tú, alguien ya consiguió trabajo, otro está emprendiendo, alguien más se fue de viaje, planeando estudiar otra carrera y hay quien ya sabe exactamente dónde quiere estar en cinco años, mientras tanto, uno está intentando recordar si mañana tiene tarea.

    A los 20, parece que deberíamos tener respuestas para todo, elegir una carrera, pensar en el futuro, empezar a ahorrar, conseguir experiencia, cuidar nuestra salud, tener una relación estable y, de paso, disfrutar porque “son los mejores años de nuestra vida”. ¿En qué momento nos dieron tantas instrucciones?

    Lo peor es que muchas veces no sabemos si realmente queremos esas cosas o simplemente sentimos que deberíamos quererlas, vemos a otras personas avanzar y automáticamente creemos que nosotros nos estamos quedando estancados, como si la vida fuera una carrera y todos hubiéramos recibido el mismo mapa.

    Pero nadie nos explica que a los 20 también está permitido no saber, está permitido cambiar de opinión, equivocarse de camino, descubrir que aquello que soñabas a los 17 ya no te interesa y empezar otra vez. Incluso está permitido tener días en los que tu mayor logro sea sobrevivir a una semana pesada.

    Quizá hemos convertido crecer en una competencia, queremos tener la carrera correcta, el trabajo correcto, la relación correcta y hasta las fotos correctas para demostrar que estamos aprovechando nuestra vida, y mientras intentamos construir la versión de nosotros que creemos que deberíamos ser, se nos olvida conocer a la persona que realmente somos.

    Tal vez no estamos perdidos, tal vez simplemente estamos empezando.

    A los 20 no tenemos que tener la vida resuelta, tenemos tiempo para equivocarnos, para cambiar de planes y para descubrir qué queremos, incluso si eso significa no tener una respuesta cuando alguien pregunte: “¿y tú qué vas a hacer con tu vida?”.

    Porque, entre nosotros, probablemente nadie sabe exactamente lo que está haciendo, algunos simplemente disimulan mejor.

  • ¿A quién le importa quién vio nuestra historia?

    ¿A quién le importa quién vio nuestra historia?

    Todos decimos que no nos importa lo que piensen los demás, hasta que subimos una historia y revisamos quién la vio

    Hay una mentira que repetimos con mucha facilidad: “me da igual lo que piensen de mí” y lo decimos como si fuéramos completamente seguros de nosotros mismos, pero basta con subir una historia a Instagram para que esa seguridad desaparezca.

    Publicamos una foto y, aunque intentemos convencernos de que no importa, terminamos entrando a revisar las vistas, vemos quién reaccionó y quién no, quién la vio, y sobre todo, si alguien que esperábamos no aparece, empezamos a preguntarnos, ¿Por qué no le gustó?, ¿Está enojado? ¿Ya no le intereso? incluso puede llegar a cambiar nuestro estado de ánimo esa reacción o falta de ella.
    Lo curioso es que probablemente nadie nos pidió esa explicación, somos nosotros quienes convertimos una simple historia de 30 segundos en una especie de examen sobre cuánto le importamos a los demás.

    A nuestros 20’s, las redes sociales forman parte de casi todo: nuestras amistades, relaciones, recuerdos y hasta la manera en que mostramos quiénes somos y es que queremos ser auténticos, pero también queremos “pertenecer” y no ser rechazados, decimos que no buscamos aprobación, mientras pensamos mil veces qué foto subir, qué canción poner y quién podría verla.

    Tal vez el problema no sea querer que nos miren, a todos nos gusta sentirnos importantes para alguien, el problema comienza cuando dejamos que una reacción, un visto o la ausencia de un nombre en una lista determine cómo nos sentimos. Quizá crecer también significa aprender a publicar algo sin preguntarnos quién lo verá, hacer planes sin pensar en cómo se verán en una historia, y, sobre todo, entender que nuestra vida no vale más porque alguien le dio “me gusta”.

    Porque, entre nosotros, todos hemos revisado alguna vez quién vio nuestra historia. Y si alguien dice que nunca lo ha hecho, probablemente también está mintiendo.