A MÍ, MIS X-MEN (Y OTRAS FORMAS DE NO PERTENECER)

El rechazo casi nunca se explica, aparece antes que las razones. Vemos a alguien distinto y decidimos que no pertenece a nuestro grupo, a nuestra mesa, a nuestra idea de lo normal. Después viene la explicación, casi siempre construida para justificar una decisión que ya estaba tomada.

Eso es lo que siempre me ha gustado de los “X-Men”. No que sean mutantes, sino que nacieron con una pregunta bastante filosófica: ¿qué ocurre cuando el simple hecho de existir de una forma basta para que los demás decidan que eres peligroso?

Chris Claremont respondió parte de esa pregunta con uno de los títulos más hermosos que ha tenido un cómic: Dios ama, el hombre mata.

En lo personal, me encanta ese título. No solamente porque suene bien, sino porque parece contener una acusación dentro de una frase religiosa. Y eso es precisamente lo que hace la historia. El odio no viene de un villano disfrazado ni de una criatura que quiere destruir el mundo, viene de un hombre que cree tener una razón para hacerlo.

Y eso siempre me ha parecido mucho más aterrador.

Días del futuro pasado lleva la misma idea todavía más lejos. Es uno de esos cómics que no solamente cuentan una historia, cambian la manera en la que el medio puede contar historias.

Un futuro destruido por decisiones tomadas en el presente, mutantes perseguidos, Centinelas y una Kitty Pryde enviada al pasado para intentar impedir que todo ocurra. La premisa sigue siendo extraordinaria porque convierte al futuro en una consecuencia, no en una profecía.

Y claro, después están las películas.

Una puede alterar el pasado, otra puede contradecirlo y alguna seguramente olvidó que existía la anterior. Pero hay algo curioso, incluso cuando las adaptaciones no sabían muy bien qué hacer con ellos, los personajes seguían teniendo algo que las hacía reconocibles porque el concepto sobrevivía.

Los X-Men no son interesantes porque todos sean diferentes. Eso sería demasiado fácil. Son interesantes porque la diferencia nunca deja de tener consecuencias.

Este conflicto se encarna a la perfección en su mayor enemigo, Magneto. A pesar de tener visiones opuestas, Charles Xavier, su mejor amigo, nunca ha dejado de luchar por un mundo compasivo ni ha perdido la fe en él, tal como se lo dijo una vez:

“Hay mucho más en ti de lo que crees, no solo dolor e ira. También hay bondad, yo la he sentido. Y cuando logres acceder a todo eso, tendrás un poder que nadie podrá igualar, ni siquiera yo”