Las y los jóvenes a lo largo del tiempo han pasado por múltiples modas y cambios tanto en su entorno como en el mundo en general. Desde la pandemia de COVID-19 y las nuevas generaciones, todo lo que se consideraba parte de la juventud se ha ido perdiendo.
Esto, a mí parecer, se lo debemos a las redes sociales, las que han incluido en todos de forma radical tras esa cuarentena. El clean look, los colores neutros, el regreso del conservadurismo y la dura necesidad de pertenecer han hecho que los jóvenes, que antes usaban todo tipo de ropa, peinado e ideal radical, se vayan deteriorando, dejando solo una sociedad juvenil incapaz de mostrar su verdadera forma solo por buscar un espacio en el mundo que ahora no te acepta si eres de diferente forma.
Lo hemos visto muchas veces, no es extraño que los jóvenes parezcan fenómenos al lado de los adultos que juzgan todo lo que ellos son, sin recordar una pizca de lo que alguna vez fueron, pero ahora, los mismos jóvenes juzgan a los suyos, provocando un escondite masivo de pensamientos creativos. Las cámaras y videos han sido la provocación de todo esto, nadie está a salvo, con un solo click y un usuario anónimo puedes ser capaz de destruir el espíritu de una persona que toma relevancia en la opinión de los externos. Estar al peligro de esto 24/7 es el temor más grande de un adolescente en estos días.
Hablemos de lo más famoso del momento: las batallas de aura
¿Qué son las batallas de aura? Bueno, son enfrentamientos dónde los contrincantes realizan movimientos que, según ellos, transmiten aura; lo que se puede traducir a tener presencia, carisma y un estilo cool en medio del escenario. Grupos de jóvenes comenzaron a presentarse en estas prácticas grupales y a difundirlas por las redes sociales, lo que los ha llenado de burlas y “hate” el cual es justificado por causarles “cringe” y ser incómodo.
¿Pero qué práctica, identidades o estética juveniles no han transmitido eso?
Desde los punks, los emos, los skatos y sobre todo los revolucionarios, han salido a demostrar que tienen voz propia, que su autodescubrimiento es válido y que, sin importar que, cada uno tiene una lucha a la cual quiere darle un nombre. A lo mejor al crecer esa identidad se va perdiendo y se vuelve un recuerdo vergonzoso o, si tienes suerte, se volverá un momento nostálgico.
Estas batallas no son más que una búsqueda de identidad, de pertenencia en un mundo que intenta silenciar y evadir cualquier cosa que los incomode, que los saque de sus propias burbujas y los haga afrontar el cambio, porque no Joaquín, la sociedad no se va al declive solo porque niños y adolescentes se diviertan de una forma no perjudicial, mejor deja de comentar estupideces en videos de este tipo y paga las 3 pensiones que ya debes.
Porque en toda esa belleza que es dar cringe, hay más cringe en vivir intentando no darlo.

