La normalidad del miedo
Después de muchos años y que la cancelaran en Netflix, la obra maestra de David Fincher aún sigue resonando con fuerza. De hecho, el verdadero terror de Mindhunter no está en la sangre ni en los crímenes gráficos.
El rostro de monstruo
De lo contrario, el miedo más profundo habita en una sala de interrogatorios. Allí, el monstruo adopta su rostro más aterrador, actuando con absoluta normalidad.
Por un lado, es una serie que no sigue los mismos patrones del thriller tradicional. En su lugar, propone un ejercicio de contención narrativa brillante. Mientras tanto, los agentes Holden Ford y Bill Tench buscan descifrar el código mental del criminal. Por su parte, la doctora Wendy Carr observa con una aguda mirada.
Sin embargo, lo más perturbador es cómo se da a conocer al asesino serial. Por ejemplo, cuando Ed Kemper habla de sus crímenes con detalle, parece un maestro universitario dando la clase.
Como resultado, esto lleva al espectador a un terreno lodoso. Así, surge la empatía involuntaria. De este modo, comprendemos los mecanismos del trauma. Por un instante, dejamos de ver a un monstruo para ver a un ser humano dañado que rompió el mundo.
La entrevista como autopsia
Para empezar, en el periodismo y la investigación, Mindhunter funciona como un tratado sobre la escucha. Por ello, la historia deja lecciones clave:
La paciencia metodológica: la verdad no se arranca a gritos, sino que se obtiene mediante el silencio táctico y la confianza.
El costo psicológico: por lo tanto, sumergirse en la psique ajena desgasta tanto que los límites entre el investigador y el criminal terminan con una desesperación.
Una obra inconclusa
A pesar de todo, la serie se detuvo antes de explorar casos clave, como el de BTK. Por desgracia, eso supuso una tragedia cultural.
Aun así, su final abrupto funciona como la mejor metáfora. Por un lado, el estudio de la mente criminal nunca termina; por otro lado, el abismo no es un lugar que se conquista, sino un territorio que solo se aprende a vigilar con fatiga.
Finalmente, Mindhunter deja una verdad incómoda. En efecto, los monstruos no vienen de otro planeta, sino que son producto de nuestros propios círculos sociales . En conclusión, esa es la lección más difícil de digerir.
Sabemos que en la década de los 80s, en la zona de Estados Unidos sobresalieron muchos asesinos seriales, a causa de múltiples problemas mentales
Aunque la serie relata la forma de entender a este tipo de personas, es una realidad lo que ocurrió y esa es la cruel realidad.

