La dona sin centro: la afilada ironía de ‘Entre navajas’

El placer de ver caer a los privilegiados

Siento una alegría muy intensa al ver a una familia rica destrozarse por una herencia. Ninguno de ellos trabajó por ese dinero.

Por eso disfruté tanto Entre navajas (Knives Out). No es solo un homenaje a las historias de Agatha Christie. También es una sátira social muy entretenida y divertida.

La historia empieza con un cliché conocido. El viejo millonario y escritor Harlan Thrombey aparece muerto en su mansión. Ocurre justo después de celebrar su cumpleaños número ochenta. Todos sus parientes tienen un motivo para desear su muerte. Además, todos ocultan algo grave.

Hipocresía y falsas apariencias

Para resolver el caso llega el detective Benoit Blanc. Daniel Craig interpreta este personaje y destaca por un acento del sur muy fascinante.

Lo mejor de la película no es adivinar quién mató al patriarca. Lo realmente atrapante es ver cómo la trama expone las mentiras de la gente acomodada.

La arrogancia de la familia Thrombey me molesta y me divierte al mismo tiempo. Presumen de ser personas independientes. Sin embargo, todos sus negocios dependen del dinero del abuelo.

Ellos representan un privilegio ciego. Disfrazan su clasismo con una falsa inclusión. Repiten siempre que Marta Cabrera (Ana de Armas) es como de la familia. Pero nadie sabe de qué país latinoamericano proviene. Me encantó ver cómo su cordialidad desaparece cuando el dinero está en riesgo.

Precisión visual y lección de ética

La película tiene un ritmo perfecto. El director Rian Johnson nos da la información poco a poco y nos vuelve cómplices del misterio.

La mansión también se siente viva. Es un espacio recargado donde destaca un enorme círculo de cuchillos. Este elemento simboliza la traición dentro de la familia.

Entre navajas funciona muy bien porque entiende el cine de misterio. Las historias de crímenes en casas cerradas siempre tratan sobre el poder.

La protagonista Marta tiene una condición particular: no puede mentir sin enfermar. Este detalle transforma el rompecabezas en una lección de ética.

La escena final me parece maravillosa. Marta mira a la familia desde el balcón con su taza de café. El texto de la taza dice “Mi casa, mis reglas”. Ese momento ofrece uno de los finales más satisfactorios y elegantes del cine reciente.