Cómo “LA MÁS DRAGA” está haciendo historia para el drag mexicano

Lo que arrancó como un proyecto independiente en YouTube se convirtió, siete temporadas después, en el fenómeno drag más importante de México y Latinoamérica. La Más Draga nació documentando el talento drag local, mezclando moda, comedia y referencias directas a la cultura pop mexicana, sin presupuesto de televisora ni respaldo corporativo. Solo cámaras, feminosas y una comunidad que crecía cada temporada.

IMAGEN: LA MÁS DRAGA

Este 15 de agosto cerró Solo Las Más 2, la edición All Stars que reunió a nueve dragas de temporadas anteriores compitiendo por 1 millón de pesos y la corona de La Máxima. La conducción, encabezada por Galilea Montijo en su primer proyecto independiente fuera de Televisa en más de tres décadas, ya marcaba un hito. Pero lo verdaderamente histórico pasó fuera de la pantalla de YouTube.

Por primera vez, la gran final se transmitió en vivo dentro de salas de Cinépolis, como parte de su programa +QUE CINE, dedicado a contenido alternativo y transmisiones especiales. En Ciudad de México, los complejos confirmados incluyeron; Miramontes, Patio Tlalpan, Perisur y Universidad, distribuidos para que el público de distintas zonas de la capital pudiera asistir. La producción también confirmó la expansión de la transmisión a salas en otros estados de la República, ampliando el alcance del evento más allá del entorno digital.

Que una final creada para YouTube termine proyectada en pantalla grande no es un detalle menor. Significa que una cadena comercial como Cinépolis validó al drag mexicano como contenido capaz de llenar butacas, no solo generar vistas. Significa que el público ya no tiene que elegir entre ver la coronación en su celular o perdérsela: ahora puede vivirla en comunidad, con otras feminosas y seguidores, en un espacio históricamente reservado para estrenos de cine comercial.

El drag mexicano lleva años construyendo su propio camino sin necesitar el permiso de nadie. Esta final no lo hizo mainstream de la nada: confirmó, con hechos, algo que la comunidad ya sabía desde hace tiempo: hay una audiencia enorme, fiel y dispuesta a pagar boleto por ver a sus reinas coronarse.

Cállense y escuchen: cuando algo nacido en la periferia digital logra llenar salas de cine comerciales en pleno 2026, no es casualidad ni moda pasajera. Es la prueba de que el drag mexicano dejó de pedir espacio hace mucho. Ahora lo está tomando lo que se merece.