¿A dónde fue la adolescencia?

Entre crecer y aparentar haber crecido.

Cuando éramos niños, quizás pubertos, la gran mayoría quería crecer. Yo no, pero sí sentía aquel cosquilleo de curiosidad por esas cosas que los adultos hacían parecer tan cool. Como el simple hecho de tener mi propio hogar. Para mí era una meta que ahora veo con lejanía.

En fin, me parece curioso cómo los pequeños de la actualidad crecen entre filtros, tendencias y la necesidad constante de encajar.

Parece que desean vestir como adultos, productos innecesarios de skincare, una relación, ganar dinero, ser gymrats y tener una vida que, curiosamente, se parece muchísimo a la de todos los demás.

Creo que es normal tener esas ideas, pero dejan de serlo cuando se convierten en presión por encajar y aparentar una madurez idealizada.

De construir una versión de nosotros mismos que cumpla con lo que consumimos en internet, en lugar de descubrir quiénes somos realmente.

Antes, ser adolescente significaba crecer: tener más libertad, elegir nuestra ropa, nuestra música y nuestro estilo, salir con amigos y sentir que poco a poco dejábamos atrás la infancia.

Hoy parece lo contrario. Parece que estamos perdiendo el proceso de descubrirnos. Ya queremos saber cómo vernos, cómo vestir, cómo tener una relación y hasta cómo construir una vida perfecta para mostrarla en redes.

Quizá lo más extraño de crecer actualmente es que la mayoría de los niños tiene acceso a un mundo que antes parecía reservado para los adultos. En segundos pueden descubrir tendencias, problemas de pareja, rutinas de belleza, consejos financieros, de amor, opiniones políticas y estilos de vida.

Estos, los acercan demasiado pronto a un mundo para el que quizá todavía están aprendiendo a prepararse.

¿Ya no hay lugar para equivocarnos?

Desde mi punto de vista, la adolescencia siempre ha sido una etapa de búsqueda: experimentar emociones y cambios, probar cosas, equivocarse, cambiar de opinión, tener gustos raros y descubrir poco a poco qué nos representa.

No trato de decir que los adolescentes de antes eran mejores, sino de preguntarnos si hoy estamos dejando tan poco espacio para equivocarnos, jugar, cambiar de gustos y no tener la vida resuelta, que estamos perdiendo justamente lo que hace que la adolescencia sea eso adolescencia.

Pero quizá esta ya no significa solamente dejar de ser niños o pubertos. Ahora también parece significar aprender demasiado pronto a construir una versión de nosotros mismos para mostrarla a los demás. Pongan de moda volver a experimentar sin miedo.