De los libros a las adaptaciones del cine, llega con Hamnet dirigida por Chloé Zhao, basada en la novela O’Farrell con las interpretaciones estrellas de Paul Mescal y Jessie Buckley, quien en la última edición de los Oscar se llevó el galardón a “mejor actriz”.
Le película nos transporta al siglo XVI con la historia de Agnes Hathaway y William Shakespeare, dos locos enamorados decididos a casarse, tienen a su primera hija, Susanna, al poco tiempo Agnes se embaraza de nuevo e inesperadamente tiene gemelos, nace el primero “Hamnet”, al nacer reconoce que es un niño muy sano junto con las parteras, pero se da cuenta que sigue teniendo dolor y muchas complicaciones, entonces nace Judith, sin poder respirar con el cordón enredado, hasta que por fin logran hacer que respire, al final los dos son bebés muy sanos.
A partir de esta narrativa estamos acostumbrados a que las películas nos enseñan sus logros o acontecimientos, pero Hamnet nos muestra lo íntimo, nos presenta a una familia numerosa, con pequeños momentos lindos, discusiones, juegos y risas.
“La peste” que lleva a la muerte del pequeño Hamnet, el hijo de 11 años de Agnes y William cambia por completo el rumbo de la historia, de haber construido una relación de ilusiones y enamoramiento a una de las pérdidas más dolorosas que puede vivir una familia.
Con esta tragedia jamás nos imaginamos que la pérdida de su hijo fuera una de las experiencias que alimentaron la creación de “Hamlet”, no se trata de afirmar que conocemos con certeza qué ocurrió en la mente de Shakespeare, sino de construir una posibilidad emocional y quizá eso sea lo más interesante para preguntarnos “¿Qué puede hacer una persona con un dolor que no tiene palabras suficientes para explicar?”. Hamnet nos habla del duelo, de ese momento en el que una persona pierde una parte de su vida y tiene que continuar, aunque ya nada vuelva a sentirse igual.
La ausencia del pequeño Hamnet nos lo muestran en los silencios, en las miradas, en los espacios vacíos y en la naturaleza que rodea a los personajes, al encontrase en el campo, los árboles, la luz y las habitaciones parecen acompañar el estado emocional de Agnes y Will, como si el mundo también hubiera cambiado después de la tragedia, como si por un momento el mundo se detuviera para ellos.
Esta forma de utilizar los espacios y la naturaleza para transmitir emociones es también una característica reconocida en el cine de Zhao, ya que decide no esconder ese dolor detrás de grandes discursos, todo lo trasmiten sin omitir ningún detalle.
Y aparece otro elemento que me parece fundamental, el personaje de Agnes, su personaje permite que la película se aleje de la típica historia sobre Shakespeare para convertirse en una historia sobre una mujer que también tiene una voz, aunque la historia oficial no siempre se haya detenido a escucharla, con Jessie Buckley que dio vida a este personaje, nos logra transmitir una mezcla de fuerza, amor y desesperación de una madre, haciendo que el espectador no observe el duelo desde lejos, sino que se sienta atrapado dentro de él junto con ella, dicha interpretación fue uno de los aspectos más destacados por la crítica, a tal grado de llevarse uno de los premios más importantes en la categoría de mayor peso.
Por otro lado Paul Mescal, nos presenta a un Shakespeare mucho más humano que legendario, le da otro aire a su personaje, un sentimentalismo que ni en la misma obra literaria nos enseñan, es alguien que también se rompe, que se distancia y que busca una manera de transformar aquello que no puede soportar, en ese sentido, la relación entre ambos personajes resulta importante porque la película no plantea el dolor como algo que se vive de una sola manera, puesto que Agnes y Will sufren de formas diferentes, y esa diferencia también afecta su relación.
Por eso en esta semana, en “hablemos de cine” recomendamos Hamnet, no es necesario que como espectadores seamos expertos en Shakespeare, no necesitamos conocer cada una de sus obras para comprender lo que significa perder a alguien, el dolor que presenta Hamnet es universal, la historia puede estar situada hace cientos de años, pero las emociones que aparecen en pantalla siguen siendo completamente actuales, la película nos permite imaginarlo y sobre todo, sentirlo, porque a veces el cine no necesita darnos respuestas, basta con hacernos mirar una historia conocida con otros ojos.

