NIGHTCRAWLER, EL MEJOR CRISTIANO QUE SE PARECE AL DEMONIO

La religión puede transformar la vida de una persona de maneras muy distintas. Puede convertirse en una tradición familiar, en una forma de interpretar el mundo o, en casos más profundos, en un criterio que modifica la manera de relacionarse con los demás.

La ficción ha explorado todas esas posibilidades, pero pocas representaciones del cristianismo en los cómics me parecen tan interesantes como la de Kurt Wagner.

Nightcrawler no es simplemente un personaje cristiano porque rece o porque lleve un rosario. Su fe interviene directamente en sus decisiones, en su manera de entender el sufrimiento y, especialmente, en su relación con el perdón.

Piel azul, tres dedos, cola prensil y una habilidad que lo envuelve en humo al teletransportarse. Kurt parece construido a partir de la iconografía de un demonio y su historia tampoco le concedió una vida sencilla, fue abandonado por su madre (Mystique) y creció siendo tratado como una rareza antes que como un ser humano.

Sin embargo, esas experiencias nunca terminan convirtiéndose en la explicación de quién es.

Los X-Men han utilizado la mutación como una metáfora de la diferencia durante décadas, pero Nightcrawler permite llevar esa idea a otro terreno. Su conflicto no consiste únicamente en cómo lo perciben los demás, sino en qué hace él con aquello que le ocurrió. Podría haber construido su identidad alrededor del resentimiento; en cambio, su fe le proporciona otra manera de interpretar su propia historia.

La relación con Mystique es donde esa postura adquiere mayor profundidad. En uno de sus momentos más significativos, Kurt le dice:

“Le rogaré a Dios que me conceda su gracia para que pueda aprender a perdonarte. Luego le pediré que te conceda su gracia para que puedas perdonarte a ti mismo.”

La frase no borra el abandono ni convierte a Mystique en inocente. Lo interesante es precisamente que Kurt reconoce su propia dificultad: necesita aprender a perdonarla. Después piensa en ella y en la culpa que pueda cargar consigo.

Ahí está una de las mejores representaciones del cristianismo en la ficción: no en el discurso, sino en la conducta.

Por eso Nightcrawler es mucho más que el mutante que parece un demonio. Kurt Wagner es un personaje cuya fe tiene consecuencias sobre sus decisiones, y esa es una de las razones por las que, entre tantos X-Men, sigue siendo mi favorito.