Salí de mi pueblo natal con hijo en brazos, endulzada del oido por quien yo decía amar.
Me puse la soga al llegar a este pueblo; escuchaba mi propio llanto a través de mi hijo.
Decía amarme, solía abrazarme.
Me cegué al intentar que este sea mi hogar, un privilegió al que no me dieron lugar.
Y aun así,
intenté aguantar por mi hijo,
sin mentiras al oído de este ser que solía amarme.

