No pido permiso de ser,
de existir,
de sentir,
de opinar,
de llorar,
menos de gritar.
No me importa incomodar
con mi presencia teatral,
extravagante, exigente.
Temo al conformismo,
a la simpleza,
a lo gris,
a lo fijo,
a lo intermedio.
Vivo por extremos
y si no es por ellos,
es por mínimos,
todo o nada.
Porque soy fuego,
constante,
imparable,
fuego encabronado,
de ese que decide por sí solo
si apagarse o quemarlo todo,
de ese que no obedece
no importa cuantos baldes de agua
le eches, ahí permanece.
Soy difícil por decisión,
por vanidad, por no ser
solo un ser humano más.

