Autor: Xvan

  • Mi alma lo amara

    Mi alma lo amara

    Solo pude ver su sangre caer,

    el despojo de sus venas, sus sentires y de su libertad.

    La pena ha llegado y no se puede hacer más;

    cansada se encuentra, su llanto era imparable y su interior un mártir.

    Pero la muerte la ha encontrado, su nombre ha susurrado,

    y en ese susurro no hay pecado, sino una chispa de vida.

    Intenta calmar la destrozada alma de una madre,

    y por un breve momento

    por una sola vez más,

    logra ver la bella luz del alba que un día logro ver con su hijo.

  • Y me condene

    Y me condene

    A las 6 de la mañana

    cuando el sol aun no se asomaba

    y la noche aún no se ocultaba

    jalaron sus cadenas,

    aún le temen.

    Aquel a quien ella un día llamó “hijo” dicto su sentencia

    mientras el pueblo reía de ella sin piedad.

    Postrada en el cadalso, con el alma destrozada, una fría mirada y el llanto en la garganta,

    exordio una voz cálida y rota; un lamento ante la ignorancia de esa gente que condenaba la razón, lo nuevo y el placer de vivir.

  • Aunque me odie

    Aunque me odie

    Aquel que salió de su vientre la ha condenado.

    Su llanto ha ignorado,

    su sentir ha pisoteado.

    A quienes un día lo cuidaron como su hijo,

    él ha matado, ha torturado sin pensarlo, el miedo ha sembrado.

    Y al caer la noche,

    encadenada y con temor, le suplicó dejarla ir.

    Pero él tenía el corazón marchito;

    los lamentos de su madre

    no eran más que una cacofonía

    que ansiaba silenciar por la eternidad.

  • Querido Edén:

    Querido Edén:

    He pensado, a orillas del río triste, mi destino.

    He buscado lo que me falta

    al beber de tus aguas frías

    y me he enamorado de esta gente de abajo

    que, aún presa de la gente de arriba, se rebela.

    Pero el Edén, poco a poco, ha sido arrancado;

    uno a uno han ido cazándolos

    por ayudar,

    por amar,

    por saber,

    por poseer conocimiento, eso que la gente teme y condena sin piedad.

    Mi llanto ya no puedo retener más.

  • Encontré otros placeres

    Encontré otros placeres

    Al pasar los años, vestida con hermosas joyas,

    elegante y con modales finos,

    danzó con tantos hombres como quiso.

    Los encandiló con sus hablares,

    los provocó al rozar sus manos.

    Sin querer, vio a este ser desde la alcoba;

    cruzaron miradas,

    huyó con temor.

    Él la alcanzó, tomó su brazo sin temor

    y, con miedo, la llevó al que llaman Edén.

    Con gente como ella,

    que se permite sentir el deseo sin culpa,

    el llanto atorado en la garganta, el amor que arde,

    las risas ante el dolor y su nostalgia.

  • Y por él

    Y por él

    Lo veía sonreír,

    era un martirio para mi ,

    aquel que un día me amó, me hirió por su placer.

    Restregaba su beber, su bailar,

    se gozaba sin parar,

    y mi llanto reprimía; mi querido niño me necesitaba.

    Poco a poco,

    y de manera instantánea,

    odié este pueblo cegado a la empatía, que se encubre en rezos y plegarías falsas

    Aún con todo este fuego que se expande en mi pecho,

    quería abrirles los ojos,

    quitarles la ceguera que ellos mismos se pusieron.

  • Me anudé

    Me anudé

    Salí de mi pueblo natal con hijo en brazos, endulzada del oido por quien yo decía amar.

    Me puse la soga al llegar a este pueblo; escuchaba mi propio llanto a través de mi hijo.

    Decía amarme, solía abrazarme.

    Me cegué al intentar que este sea mi hogar, un privilegió al que no me dieron lugar.

    Y aun así,

    intenté aguantar por mi hijo,

    sin mentiras al oído de este ser que solía amarme.