Mis frágiles labios se abren cual granada;
hablan y sangran, besan con carmesí los lugares que aman.
No sé si son solo mis labios o soy toda yo, granada…
Me parto sin permiso, en cada mordisco,
salpico, lánguida pero roja, incómoda.
Ser lasciva es una máscara, piel de granada;
de verdad quiero ser amada, por debajo de mi llamativo tono,
por los arilos que rodean mis virtudes y mi venustidad.
No fui hecha para cerrarme, estoy aquí para derramarme,
mi ternura sangra en círculos,
mi fulgor se precipita en manos que no siempre saben sostenerme.
Desperté convertida en una granada,
no era un sueño; si he de vivir que sea en este rojo indómito.
Nací para ser granada.
GRANADAS. Celia Castro
[Óleo sobre madera, naturaleza muerta].
[Óleo sobre madera, naturaleza muerta].

