He pensado, a orillas del río triste, mi destino.
He buscado lo que me falta
al beber de tus aguas frías
y me he enamorado de esta gente de abajo
que, aún presa de la gente de arriba, se rebela.
Pero el Edén, poco a poco, ha sido arrancado;
uno a uno han ido cazándolos
por ayudar,
por amar,
por saber,
por poseer conocimiento, eso que la gente teme y condena sin piedad.
Mi llanto ya no puedo retener más.

