Etiqueta: POESÍA

Versos, rimas y lírica urbana. La voz que corta.

  • Liturgia del olvido

    Liturgia del olvido

    Qué alivio ya no sentirte aquí, ya no rezar por ti como quien insiste en un dios que no responde.

    Qué suaves son las noches desde que te escondiste en otros sueños y el insomnio ya no te pronuncia.

    Qué dulce es el café desde que no lo bebo por tu culpa, desde que el amargor volvió a ser solo suyo y no parte también de las palabras que disipan tus labios.

    Qué amena es la vida desde que te marchaste con otro amor, a quien vas a destruir;
    qué alivio que no será a mí, como quien repite una oración mal aprendida.

    Qué alivio no ser la próxima ofrenda.

  • Y por él

    Y por él

    Lo veía sonreír,

    era un martirio para mi ,

    aquel que un día me amó, me hirió por su placer.

    Restregaba su beber, su bailar,

    se gozaba sin parar,

    y mi llanto reprimía; mi querido niño me necesitaba.

    Poco a poco,

    y de manera instantánea,

    odié este pueblo cegado a la empatía, que se encubre en rezos y plegarías falsas

    Aún con todo este fuego que se expande en mi pecho,

    quería abrirles los ojos,

    quitarles la ceguera que ellos mismos se pusieron.

  • SOY DÍFICIL POR DECISIÓN

    SOY DÍFICIL POR DECISIÓN

    No pido permiso de ser,
    de existir,
    de sentir,
    de opinar,
    de llorar,
    menos de gritar.


    No me importa incomodar
    con mi presencia teatral,
    extravagante, exigente.
    Temo al conformismo,
    a la simpleza,
    a lo gris,
    a lo fijo,
    a lo intermedio.


    Vivo por extremos
    y si no es por ellos,
    es por mínimos,
    todo o nada.


    Porque soy fuego,
    constante,
    imparable,
    fuego encabronado,
    de ese que decide por sí solo
    si apagarse o quemarlo todo,
    de ese que no obedece
    no importa cuantos baldes de agua
    le eches, ahí permanece.


    Soy difícil por decisión,
    por vanidad, por no ser
    solo un ser humano más.

  • Me anudé

    Me anudé

    Salí de mi pueblo natal con hijo en brazos, endulzada del oido por quien yo decía amar.

    Me puse la soga al llegar a este pueblo; escuchaba mi propio llanto a través de mi hijo.

    Decía amarme, solía abrazarme.

    Me cegué al intentar que este sea mi hogar, un privilegió al que no me dieron lugar.

    Y aun así,

    intenté aguantar por mi hijo,

    sin mentiras al oído de este ser que solía amarme.